Para entender la Educación Concertada hay que conocer su recorrido histórico:

Institución Libre de Enseñanza (ILE)
65% población no escolarizada

Con la Constitución de 1876 se inaugura uno de los periodos más prolongados de la historia constitucional de España. Son los años en que se afianza el capitalismo y el grupo social que lo sustenta y también del desarrollo de una clase obrera antagonista, surgida de la dicotomía del sistema.

Aquella Constitución, siendo marcadamente conservadora, supo conjugar principios de carácter progresista: el sufragio universal, la declaración de los derechos de la mujer y la tolerancia religiosa. En el ámbito de la educación trajo numerosos problemas, debido a las diferentes interpretaciones que se hacían de su articulado. El artículo 11 reconocía la religión católica como la oficial del Estado, pero a su vez proclamaba la libertad de cultos y de conciencia. El sector más intransigente del catolicismo mantenía que la confesionalidad del Estado implicaba el control ideológico de las escuelas. Esta opinión se veía frenada por las tesis de los progresistas, que afirmaban que la libertad de cultos y de conciencia significaban, de modo necesario, la libertad de cátedra.

La alternancia en el poder entre moderados y liberales caracterizó la época de la Restauración hasta límites casi burlescos. Los cesantes aparecieron como figura característica del periodo, cuando los cambios sucesivos de gobierno dejaban sin empleo, alternativamente, a los de uno u otro bando.

A pesar de la presencia creciente de la Iglesia en el mundo de la educación, que vino auspiciada por el citado Concordato de 1851, y recuperada ya de las desamortizaciones, aquélla vivió con intranquilidad la creación de la Institución Libre de Enseñanza (1876), que el catedrático Francisco Giner de los Ríos y otros fundaron con la intención de impartir una enseñanza no confesional, basada en las nuevas corrientes de la pedagogía, en la libertad de ciencia, la tolerancia y el contacto con Europa. Tuvo enfrente a los jesuitas, máximos representantes de la enseñanza tradicional.

A inicios del siglo XX, la Iglesia participa en la educación de los españoles teniendo bajo su tutela a de más de un tercio de los alumnos de enseñanza primaria y casi un 80% de los de secundaria. La tasa de analfabetismo, a pesar de la obligatoriedad de la enseñanza, asciende al 65% de la población, y el 60% de los niños no están escolarizados.

8. GARCÍA DE CORTÁZAR y GONZÁLEZ VESGA. P. 449. Op.cit.

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