Para entender la Educación Concertada hay que conocer su recorrido histórico:

1900-1931
Aparece, por primera vez en la historia de España, un ministerio específico para hacerse cargo de la enseñanza pública y privada

Bajo la influencia de Giner de los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza (ILE) se emprendieron importantes reformas en los terrenos jurídico, educativo y social, y se crearon organismos como el Museo Pedagógico; la Junta para Ampliación de Estudios, de la que dependían el Centro de Estudios Históricos, el Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales o la Residencia de Estudiantes.

En torno a la Junta y al Museo Pedagógico cristalizaron, desde 1907 hasta 1936, intentos de reforma científica y educativa que dieron lugar a iniciativas pioneras: el Instituto Escuela, las pensiones para ampliar estudios en el extranjero, las colonias escolares de vacaciones, la Universidad Internacional de verano o las misiones pedagógicas, actuantes durante la Segunda República.

En general, el periodo que va de comienzos de siglo hasta 1931 se caracteriza porque la enseñanza en España mantiene su marcado contenido religioso y porque la influencia de la ILE es muy limitada. Fácil es comprobarlo a través de los libros de texto y por las enseñanzas y prácticas en uso durante esos años. En este tiempo se mantiene vivo el espíritu de tres conocidos pedagogos cristianos:  San Juan Bosco (1815-1888), que a pesar de no ser español y de haber muerto antes de comenzar el siglo XX, puede ser incluido en esta relación por su gran influencia a través de las Escuelas Salesianas; Andrés Manjón (1846-1923), con las Escuelas del Ave María y el padre Pedro Poveda (1874-1936) –recientemente canonizado–, fundador de la Institución Teresiana, dedicada a la formación de las maestras y al gobierno de los internados femeninos para estudiantes de Enseñanza Media y Universitaria.

La ley de presupuestos de 31 de marzo de 1900 autorizaba al gobierno a sustituir el Ministerio de Fomento por dos nuevos departamentos ministeriales: Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes y Ministerio de Agricultura, Industria, Comercio y Obras Públicas. Aparece, por primera vez en la historia de España, un ministerio específico para hacerse cargo de “la enseñanza pública y privada, sus diferentes clases y grados, el fomento de las ciencias y letras, Bellas Artes, archivos, bibliotecas y museos, así como de la Dirección General del Instituto Geográfico y Estadístico”. Al principio sólo contó con una Subsecretaría y cuatro Secciones, que se reorganizaron en ocho negociados tras la Real Orden de 19 de junio de aquel mismo año.

En agosto de 1901 se publica un Real Decreto en el que se dispone que el Estado sea el responsable de asumir el pago de las obligaciones de personal y material de las escuelas públicas de instrucción primaria.

El Plan de Estudios de 1903 quedó modificado durante la dictadura de Primo de Rivera: en 1926, siendo ministro de Instrucción Pública Eduardo Callejo de la Cuesta, se lleva a cabo una reforma que afectó a la Enseñanza Secundaria (Plan Callejo). Se estableció la reorganización de los estudios de secundaria en dos grandes ciclos. Primero, el Bachillerato Elemental, de tres años de duración, que tenía que garantizar una cultura general. Le seguía un Bachillerato Universitario, también de tres años de duración. En este segundo ciclo, los alumnos tenían un año de estudios comunes y después dos ramas, una de letras y otra de ciencias. El número de asignaturas se redujo notablemente y se procedió a una reorganización del tipo y número de exámenes.

[…]

El Real Decreto de 1928 sobre la reforma universitaria permitió a algunos centros de la Iglesia la colación de grado, es decir, les confería el grado de Universidad. La Iglesia culminaba, así, su implantación en el mundo universitario.

La dictadura de Primo de Rivera, que llegó al poder después de un golpe de Estado de guante blanco y con el visto bueno del rey, tuvo en contra a muchos intelectuales, universitarios, ateneístas y estudiantes. Miguel de Unamuno, rector de la Universidad de Salamanca, representa esta postura como nadie y por ello sería desterrado a Fuerteventura.

Sin embargo, todos los indicadores económicos reflejan una gran prosperidad económica durante esos años: una tasa de crecimiento medio anual del 5.25% se mantiene de manera asombrosa durante ocho años. El excedente laboral campesino es absorbido por la industria: de 1920 a 1930 se pasa del 21.94 % al 26.51 % en el porcentaje de trabajadores industriales, mientras los jornaleros descienden del 57 % al 45.51%.

Asistimos a las primeras grandes corrientes migratorias hacia la ciudad, que trajeron de la mano una revolución considerable en las costumbres y creencias tradicionales. Los obreros, menos manejables que los campesinos, empiezan a canalizar de manera corporativa reivindicaciones sobre sanidad, instrucción pública y viviendas sociales. La conflictividad laboral crece a la par que la corriente antimonárquica. El pacto de San Sebastián, en 1930, llevó a las fuerzas republicanas a comprometerse en la sustitución de la forma de gobierno, aspiración que se consumó tras los resultados electorales de las municipales de 1931. Es el fin del reinado de Alfonso XIII y la proclamación de la II República.

GARCÍA DE CORTÁZAR y GONZÁLEZ VESGA. op.cit. p. 459
Fundación Francisco Giner de los Ríos. www.fundacionginer.org
GUTIÉRREZ SANZ, A. Repaso a cien años de educación en España. Revista Arbil, nº 73

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