Para entender la Educación Concertada hay que conocer su recorrido histórico:

Guerra Civil Española

En el periodo 1936-1943 se incoaron al profesorado numerosos expedientes de depuración: unos 6.000 fueron expulsados de la enseñanza, otros tantos trasladados forzosamente de localidad, unos 3.000 fueron sancionados de empleo y sueldo y más de 1.000 fueron inhabilitados para el ejercicio de cargos públicos. Haberse significado perteneciendo a un comité local o profesional marcaba el camino para ser depurado. Los tribunales de depuración se constituyeron para castigar las conductas consideradas inadecuadas e incompatibles con la España Nacional y con el objetivo de ajustar el perfil ideológico del profesorado a la nueva escuela que se quería implantar. Los maestros más comprometidos con las reformas republicanas fueron especialmente perseguidos, sus métodos fueron tachados de extranjerizantes y nocivos para la sana formación de los niños y niñas. Las cuestiones morales, como estar divorciado, haber contraído matrimonio civil o no ir a misa, suponían quedar automáticamente fuera del ejercicio del magisterio.

En una primera fase, a inicios de la guerra, los mismos militares se encargaban de pedir informes a los alcaldes sobre la conducta de los maestros. A partir de noviembre de 1936 se constituyeron comisiones provinciales y todo el profesorado sin excepción debió someterse a un expediente para, caso de emitirse un juicio favorable, seguir ejerciendo. Se debían adjuntar al mismo los informes del alcalde, el cura, la guardia civil y otras personas de probada moralidad católica que avalaran la petición de reingreso como maestro. La falta de profesorado hizo que se cubrieran muchas vacantes con los llamados “alféreces provisionales” del ejército, algo parecido a los actuales interinos.

El 1 de febrero de 1938 es nombrado ministro de Educación Nacional Pedro Sainz Rodríguez, monárquico y católico tradicional, que centró su breve mandato en el desmantelamiento del sistema educativo republicano. Las nuevas bases del sistema escolar, que llegarán casi intactas hasta finales de los años sesenta, girarían en torno a los siguientes preceptos:

1. Educación religiosa en todos los centros y marcado contenido moral de todo el saber. El amor a la Patria debía impregnar cualquier hecho educativo.
2. Prohibición de la coeducación. El sacrificio y la disciplina se considerarán el motor del éxito.
3. Valor fundamental de la familia como eje vertebrador de la vida española. La mujer, garante del bienestar familiar al servicio del marido y los hijos.

La Ley de Reforma de la Segunda Enseñanza, de 1938, rompe con la tradición liberal que veía al bachillerato como una prolongación de la enseñanza primaria. Las nuevas clases dirigentes deberían surgir de una enseñanza secundaria restringida a determinados sectores de población, de quienes se esperaba que asumieran el encargo de transmitir los nuevos valores. En el BOE del 20 de septiembre de 1938 se publicaba:

«Iníciase con la reforma de la parte más importante de la Enseñanza Media (…), porque una modificación profunda de este grado de enseñanza es el instrumento más eficaz para, rápidamente, influir en la transformación de una sociedad y en la formación intelectual y moral de sus futuras clases directoras»

La cultura clásica pasa a formar parte fundamental del currículum y se considera obligatorio el estudio de lenguas de países con trayectoria afín: alemán e italiano. El nuevo bachillerato, que se mantendrá hasta 1953, comprenderá un examen de ingreso a los diez años, siete cursos y un examen de Estado organizado por la Universidad.

En agosto de 1939 Ibañez Marín será nombrado ministro de Educación –cargó que ocupará hasta 1951–. Durante su mandato se crea el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que a la postre serviría de plataforma de lanzamiento de los técnicos afines al Opus Dei, encargados de modernizar el país en los sesenta.

En julio de 1940 se establece un nuevo Plan de Estudios de Magisterio. El profesorado será encuadrado en el Servicio Español de Magisterio (SEM), que hará las veces de corporación profesional bajo control de la Falange. Los sueldos se congelan y se viven tiempos de penuria generalizada. Son los años del “pasas más hambre que un maestro de escuela”. Los cargos directivos se ocupan por méritos de guerra y los desplazamientos de maestros desde las provincias del centro de España hacia Cataluña y el País Vasco se convierten en práctica habitual. El objetivo era reeducar a la población de estas zonas.

La formación política de la juventud preocupaba enormemente al nuevo régimen. En diciembre de 1940 se crea el Frente de Juventudes, rama juvenil de la Falange a la que debían pertenecer todos los estudiantes comprendidos entre los ocho y los dieciocho años. Se pretendía así un masivo adoctrinamiento de los jóvenes en los nuevos valores.

En 1943 se promulga la Ley de Ordenación de la Universidad. Se crea el Sindicato Español Universitario (SEU), en el que se tenían que inscribir todos los profesores y estudiantes universitarios, y que vehicularía todas las iniciativas del régimen para controlar al díscolo mundo universitario.

[…]

Aquella ley convirtió la enseñanza primaria en un ciclo cerrado, desconectado de la enseñanza secundaria. A la enseñanza media se accedía mediante una prueba específica independiente. La enseñanza elemental quedaba, por tanto, para la población trabajadora y los pequeños propietarios. Son los tiempos en los que saber las cuatro reglas se convierte en el techo máximo de las aspiraciones de las clases trabajadoras.

En 1951 es nombrado Ministro de Educación Joaquín Ruíz-Giménez. Alguno de los autores que he consultado para este trabajo lo califican como “la más brillante aportación de la ACNP al franquismo”. Su nombramiento aportaría cierto aire fresco a la España de la época, iniciándose con él tímidos pasos hacia una apertura que devendría inevitable. Para ello se apoyó en falangistas disidentes, como Laín Entralgo y Dionisio Ridruejo, aunque su cuenta de resultados en la construcción de centros escolares parece arrojar un balance claramente negativo.

El Concordato con la Santa Sede (1953) supuso el primer espaldarazo internacional para la legitimación exterior del régimen. La Iglesia consolida aún más su presencia predominante en la educación y no tendría, ni antes ni a partir de entonces, competidor posible.

18. MORENTE VALERO, F. Depuración del Magisterio Nacional (1936-1943). Ámbito Ediciones. 1997
19. ROIG LÓPEZ, O. Institución educativa española desde la Postguerra hasta la Transición. Programa de Doctorado en Psicología Social (dirigida por el Dr. Iñiguez Rueda). 2002. Universitat Autònoma de Barcelona.
20.
ROIG LÓPEZ, Op.cit. p. 44
21. Asociación Católica Nacional de Propagandistas. Ruiz Jiménez sería después destacado miembro de la Democracia Cristiana

 

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